Estabamos allí juntos, tan juntos que notaba la humedad alrededor de tu boca. En ese momento, apretándote contra mí, me di cuenta de que no era yo, entonces empecé a guiñar la cabeza a uno y otro lado, moviendo los ojos de cara en cara...
- ¿Que miras? - te diste cuenta -, ¿Qué buscas?
Miré un segundo más, nadie nos observaba y lo di por tontería, volví los ojos empañados a tí:
- A mí - te dije -, se que estoy ahí, siempre estoy ahí... Mirando.