Vivo en un sitio extraño, raro como poco.
Viniendo hoy hacia aquí la luna se veía salir rojiza, enorme. Nunca tan grande ni luminosa. Parecía conducir hacia un poster de propagandas turísticas.
Vivo en una ciudad donde hay más cuestas que calles, más estancos que sucursales bancarias y más casinos que hoteles. Donde Java es una cadena de perfumerías y donde nunca nadie oyó hablar de un ascensor.
Vivo en la calle C.... número cinco y doy gracias de que sea primo menor que diez. En un sitio donde el banquito de las marquesinas de los autobuses tiene altura de asiento en un extremo y toca el suelo en el opuesto.