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Animus Iocandi

"tiene una inequívoca intencionalidad humorística"

Es de suponer que la otra vez era por joder.

Y así va el mundo. El capricho de la princesita, cuya honra y decencia no se puede ni citar en La Nueva España porque le da la risa hasta al portero... ¿Pero qué cojones pasa?

Ayer, a la hora de la cena, el menda estaba por el paseo del río de Grado, donde uno vive. Y sonaban en lontananza coches haciendo derrapazos, salidas, retumbantes acelerones y corriendo por dentro de poblado en calles de un solo carril a muchísimos más kilómetros por hora de los que la ley permite.

Así pasa a diario. Es raro el día que esto no ocurre, incrementándose los casos desde el viernes tarde hasta el domingo de madrugada. Es la ley que impera en el mundo, la ley de quienes abusan gracias a que los demás no hacemos nada porque confiamos en el pacto social. Nos fiamos de haber delegado la aplicación de justicia en una organización superior que se llama gobierno, estado o como carajo quieran decirlo. No hacemos nada porque, encima, cuando alguien ve un abuso de autoridad y lo reprende, es castigado con “la juventú tie que divertirse” o, el mejor aún, “¡facha!”…

Cuando uno lee una falacia ad báculum de esas que se citan desde un “lobby” o desde alguien que, haciéndose la víctima política (si me permiten utilizar su expresión)… Degrada a los demás con el siguiente discurso:
“Es tonto todo aquel que no reconozca en las palabras de mi adversario la necedad o el fascismo, dense cuenta de que se ha producido aquí un/una asesinato/genocidio/represión política… La normalización política/lingüística es necesaria y un bien que impongo a la sociedad porque yo soy la sociedad ya que tengo un cargo público”.
Cuando uno lee esto, si se sitúa en contra de su opinión, que no es una opinión, sino una manipulación del lenguaje, le dicen “tú no eres de los nuestros” o, el más difícil todavía, “¡facha!”…

Y es que la semana pasada, el jueves creo recordar. A primera hora yendo a trabajar, y no de juerga o haciendo carreritas con los colegas, salimos de un tramo de niebla mi compadre Marcos que conduce y yo, que miro lo bien que lo hace. Dos curvas más allá, a quinientos metros más o menos, un coche de la Guardia Civil, menetérica, nos paró y multó por la gravísima injusticia cometida contra el resto de conductores por seguir, en una mañana con niebla, con las luces puestas en un tramo en el que no hacían falta.

Tras el discursito y el aire infantilón ese de “bueeeeno… le deteeeeengo porque ha cometido una infracciooooon”… Como tratando al gatín del vecino. Nos dijo como para que vean que no lo hace por mal, ponía una multa que no quita puntos, falta leve, sólo con ánimo recaudatorio para cumplir las cuotas de este año. No se preocupen que cuando un subnormal atropelle a alguien en su pueblo ya nos haremos los locos… O cuando vayan a denunciar una amenaza, tranquilícense que allí estaremos para decirles que cambien su número de teléfono, se muden o, simplemente, que se vayan a dormir y nos dejen en paz.

Pero bueno, con el aire que lo decía, talmente parecía que se estaba riendo de nosotros así que quizá se pueda recurrir la multa por iocandi causa. ¡Qué se yo!