Esta vez sí que sí. Bastó de pagar este año. No será que se apiaden de mí ni nada parecido.
Siempre pagué contento de que mis impuestos se destinasen a una mayor seguridad y bienestar de la ciudadanía, entre la que me encuentro. Cada día más parece que en lugar de esto, haya que pagar por ley para que te tomen el pelo.
Ya conté una vez cómo le pusieron una multa estúpida a un compañero de trabajo con sólo afán recaudatorio y no punitivo, no castigador de algo mal hecho. La cosa está así. Para que Roldán esté en la calle después de que se haya pasado por el forro de los de lunares todo lo robado… Para que Rajoy y cía se lo lleven crudo con sus pelotazos diarios… Para pagar los viajes de las familias de etarras que van a ver a sus familiares presos...
Para mantener farturas de alcaldes o para, el redoble de tambor iría aquí, que el gilipollas del alcalde de Mieres felicite el “nadal”, sí, mis fios del alma, ¡Nadal!... Tócate los cojones… Y en inglés… Felicitar a su población de la que tengo las novedosas noticias de que puede que sepa leer el Español…
Que nadie me busque las cosquillas. No estoy insultando ni al idiota del alcalde ni al ilustrísimo cargo que representa sino que me manifiesto en contra del más que despilfarro público que se hace desde todas las administraciones y en la del tonto del culo este en particular.
Dirán que en todas las casas cuecen fabas… Pues sí, bobos de los cojones los hay en todas partes y no voy a defender a ninguno. Alguno hay por ahí que hasta tenía su biblioteca municipal abonada a revistas pro etarras y un largo etcétera…
Pero resulta que para operar unas cataratas o hacer un legrado hay que esperar casi un año. Puto mundo. Mientras que hay sitios por ahí donde todos los carteles que marcan las calles en las esquinas fueron reemplazados por los que los nazisonanistas nos quieren hacer y nos harán tragar, como Mieres, por supuesto.
Pues con el IRPF me van a devolver este año noventa eurazos. No se en qué gastármelos. Puede que la próxima chocolatada o cenorrio italiano que me dé con los colegas vaya de mi cuenta. Iré de putas o me compraré el Wii Motion Plus... Alguna gilipollez en la que me gaste eso y más con tal de que en Mieres no puedan tirar mi dinero antes que yo.
Esta vez, aunque sólo sean noventa eurazos y aunque otras veces llegué a pagar mil, estos son míos. Me cagonmiputavida.
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El nimio topo
Pues hoy va de facherío esto. Es un tema recurrente. Bueno, no se si va de facherío, de gilipolleces o es que son sinónimos.
No es cosa baladí, decía el anuncio. Vi el anuncio en la contraportada de uno de esos panfletos (que no periódicos) que envìan los sindicatos. El ayuntamiento de Gijón y su, por supuesto, concejalía de asturianidad o como cojones se quiera llamar, gasta dineros municipales en promocionar el uso de la toponimia “tradicional” de la ciudad y concejo.
La “toponimia tradicional” no suele coincidir con lo que se puede llamar tradicional según el significado de la palabra [RAE] si no que es buscado entre las pronunciaciones de gentes ajenas al lugar para obtener aquella que menos se semeja al nombre actual para así poder marcar una diferencia con la que justificar un “hecho diferencial” que haga posibles las peregrinas tesis nacionanistas locales.
En el anuncio con un diseño penoso a un solo tono y, no retro, sino anticuado, sucio… Lástima de no conservarlo… Sale un topo, grande ocurrencia esta, diciendo que es el Topo Nimio, tócate los cojones… Seguro que pagaron a alguien por pensar el anuncio.
Así va el país. Así las cosas. Para gilipolleces siempre hay perras. En muchos lugares se gastan un pastón en quitar y reponer las chapas de las calles para que en vez de “calle de tal” ponga “calle/cai de tal o cual”… No vaya a ser que alguien se pierda por no leer “cai” cosa estúpida porque, en mi pueblo, y en todos los que conozco, siempre se dijo “caleya”.
Mi abuela tiene glaucoma, tensión en los ojos. Produce mareos, visión borrosa, pérdida de visión y, en según los casos, o dejado a la mano de Dios, ceguera permanente. Se opera, no lleva mucho tiempo, van por partes, te mandan pronto a casa y la convalecencia es… Trivial. Mi abuela está esperando por la llamada de la seguridad social para operarse va para tres meses… y lo que te rondaré morena.
Cuando digo que hay dinero para gilipolleces y no para lo que importa, siempre hay alguno que suelta eso de que hay que repartir el dinero entre todas las cosas a hacer o que el dinero gastado en cartelitos y fastos varios es municipal… El argumento en contra es muy fácil de comprender:
Ambas cosas están ligadas, ni hay que dar dinero a “todo lo que hay que hacer” ni los ayuntamientos son sistemas aislados. Si hay que priorizar entre dar dinero a la iglesia o mejorar la sanidad pública, los curas deberían vivir de limosna (que me llamen lo que quieran, tengo razón). Del mismo modo, si hay que priorizar entre arreglar una calle o poner carteles “cai” nuevos para todas, los cartelitos pueden esperar… El dinero destinado a estas cuestiones viene en partidas de esas, se supone que el ayuntamiento recibe tanto para gastar en esto y cuanto para esto otro y que, matemáticamente, las cuentas cuadran. Fijo que no. Lo no gastado en su partida irá a cualquier otra, a la de mus del alcalde, pero va y se gasta, incluso se gasta de más y se endeuda el ayuntamiento.
El ayuntamiento no se autofinancia, la junta provincial le traspasa poderes y dinero para ejecutarlos. En este dinero va la pasta para la operación de mi abuela que ella trabajó cuando podía, que mis padres trabajan, y que mis hermanos y yo trabajamos, pagamos impuestos y cumplimos la ley.
Creo que tengo el derecho de que mis impuestos sean administrados por personas que sepan leer y escribir, tengan verdadera vocación de servir al público y no de ir al trinque y sepan priorizar los gastos. Con estas tres premisas, pones un anuncio en los periódicos y en infojobs, haces un filtrado de currículos y no hay forma de encontrar un alcalde, un concejal ni un mismísimo presidente del gobierno.
Lo lamentable de la situación es que los pocos políticos que dicen algo contra toda esta mecánica de la desidia a la que nos hemos traido, los llaman del nombre del puerco los demás porque el que se mueve no sale en la foto y, cagonlaputa, la pagamos todos.
No es cosa baladí, decía el anuncio. Vi el anuncio en la contraportada de uno de esos panfletos (que no periódicos) que envìan los sindicatos. El ayuntamiento de Gijón y su, por supuesto, concejalía de asturianidad o como cojones se quiera llamar, gasta dineros municipales en promocionar el uso de la toponimia “tradicional” de la ciudad y concejo.
La “toponimia tradicional” no suele coincidir con lo que se puede llamar tradicional según el significado de la palabra [RAE] si no que es buscado entre las pronunciaciones de gentes ajenas al lugar para obtener aquella que menos se semeja al nombre actual para así poder marcar una diferencia con la que justificar un “hecho diferencial” que haga posibles las peregrinas tesis nacionanistas locales.
En el anuncio con un diseño penoso a un solo tono y, no retro, sino anticuado, sucio… Lástima de no conservarlo… Sale un topo, grande ocurrencia esta, diciendo que es el Topo Nimio, tócate los cojones… Seguro que pagaron a alguien por pensar el anuncio.
Así va el país. Así las cosas. Para gilipolleces siempre hay perras. En muchos lugares se gastan un pastón en quitar y reponer las chapas de las calles para que en vez de “calle de tal” ponga “calle/cai de tal o cual”… No vaya a ser que alguien se pierda por no leer “cai” cosa estúpida porque, en mi pueblo, y en todos los que conozco, siempre se dijo “caleya”.
Mi abuela tiene glaucoma, tensión en los ojos. Produce mareos, visión borrosa, pérdida de visión y, en según los casos, o dejado a la mano de Dios, ceguera permanente. Se opera, no lleva mucho tiempo, van por partes, te mandan pronto a casa y la convalecencia es… Trivial. Mi abuela está esperando por la llamada de la seguridad social para operarse va para tres meses… y lo que te rondaré morena.
Cuando digo que hay dinero para gilipolleces y no para lo que importa, siempre hay alguno que suelta eso de que hay que repartir el dinero entre todas las cosas a hacer o que el dinero gastado en cartelitos y fastos varios es municipal… El argumento en contra es muy fácil de comprender:
Ambas cosas están ligadas, ni hay que dar dinero a “todo lo que hay que hacer” ni los ayuntamientos son sistemas aislados. Si hay que priorizar entre dar dinero a la iglesia o mejorar la sanidad pública, los curas deberían vivir de limosna (que me llamen lo que quieran, tengo razón). Del mismo modo, si hay que priorizar entre arreglar una calle o poner carteles “cai” nuevos para todas, los cartelitos pueden esperar… El dinero destinado a estas cuestiones viene en partidas de esas, se supone que el ayuntamiento recibe tanto para gastar en esto y cuanto para esto otro y que, matemáticamente, las cuentas cuadran. Fijo que no. Lo no gastado en su partida irá a cualquier otra, a la de mus del alcalde, pero va y se gasta, incluso se gasta de más y se endeuda el ayuntamiento.
El ayuntamiento no se autofinancia, la junta provincial le traspasa poderes y dinero para ejecutarlos. En este dinero va la pasta para la operación de mi abuela que ella trabajó cuando podía, que mis padres trabajan, y que mis hermanos y yo trabajamos, pagamos impuestos y cumplimos la ley.
Creo que tengo el derecho de que mis impuestos sean administrados por personas que sepan leer y escribir, tengan verdadera vocación de servir al público y no de ir al trinque y sepan priorizar los gastos. Con estas tres premisas, pones un anuncio en los periódicos y en infojobs, haces un filtrado de currículos y no hay forma de encontrar un alcalde, un concejal ni un mismísimo presidente del gobierno.
Lo lamentable de la situación es que los pocos políticos que dicen algo contra toda esta mecánica de la desidia a la que nos hemos traido, los llaman del nombre del puerco los demás porque el que se mueve no sale en la foto y, cagonlaputa, la pagamos todos.
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